Predestinado y Marcado

 

Génova en el siglo XV se había transformado en la gran metrópolis del capitalismo europeo y de sus puertos salían infinidades de buques a todos los puertos conocidos de Europa, Asia y África, haciendo intercambios comerciales.

En 1451 nace Cristóbal Colon, desde niño se dejó arrastrar por sueños y fantasías marinas, mirando las costas del puerto de Génova y su infinito horizonte, él ama el mar, lo va conociendo en sus largas contemplaciones y sentado sobre piedras en los malecones o en la arena de la playa sueña con su inmensidad, siempre buscando en el horizonte lo que nunca ha visto pero está en alguna parte en donde nadie ha llegado.

Todo gran hombre nace predestinado por el destino de ser protagonista de su vida y de dejar una huella perenne en la historia.

Colón ya es un hombre joven que había recorrido muchos puertos, había navegado muchas millas náuticas, habiendo estudiado en Génova aprendió el arte de la navegación.  Esto fue moldeando su carácter, tuvo una gran curiosidad científica que lo llevó a ser un aventurero, un descubridor, el gran almirante genio del mar.
Llegó a tener el cargo de virrey y gobernador de Las Indias al servicio de la Corona de Castilla, pero en 1491, todo cambió: el choque de dos culturas, llegada de enfermedades, y la llegada del caballo al nuevo mundo.  Gracias a sus compañeros como: el cuadrante, tabla de astronomía y navegación, el reloj de arena,  el reloj de agua, la brújula; el astrolabio, instrumento astronómico que mide la altura de las estrellas; la ballestilla, instrumento para medir la altura del sol y al nocturlabio que  determina el tiempo bajo la posición de las estrellas más la ayuda de La Pinta, La Niña y La Santa María, cambió el mundo.

¿Es necesario juzgar la vida de los hombres que han soñado y logrado hechos extraordinarios?, mucha historia se ha tejido en torno a este personaje, inclusive algunas falsedades se han tratado de imponer, lo cierto es que su iniciativa constituyó un cambio en la manera de pensar y actuar de mucha gente. Lo cierto es que no somos los indicados para juzgar, con el conocimiento que tenemos hoy, un comportamiento de hace 500 años.

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