El arbolito y las anheladas noches navideñas

Los antiguos germanos adoraban al roble, lo llamaban el dios Odín al que se le rendía culto.  Cada año al roble se le decoraba con frutas, hojas pintadas de diferentes tonos, lo adornaban con retazos de telas de vivos colores y antorchas luminosas.  Ellos tenían la creencia de que con esto, el espíritu de Odín volvería al árbol y en primavera se llenaría de muchas hojas y el árbol se vigorizaba con el espíritu de su dios y la cosecha daría sus frutos.  En torno al árbol bailaban y cantaban, en un rito mágico religioso, todas las noches, con máscaras de ciervos y aves, todo esto son antigua creencias nórdicas que todos los años los  vikingos practicaban, era el culto pagano.

Con la cristianización el roble fue reemplazado por el abeto y el pino que tenían forma triangular y personificaba a la Santísima Trinidad.  Según la leyenda San Bonifacio evangelizó a Alemania y mandó a reemplazar el roble por pino, porque ello representaba el amor divino a Dios y lo mandó a adornar con manzanas   y velas, dándole el simbolismo cristiano.

 

Todas estas costumbres se difundieron por toda Europa y luego pasarían al nuevo mundo.  Todo es costumbre y el ser humano es adicto a ellas y a sus tradiciones.  Esto va más allá de sus creencias.  La mayoría de las personas básicamente hacen lo que todos los demás hacen. Es mucho más fácil imitar y dejarse llevar por ideas no lógicas, solo basadas en las costumbres, sin saber realmente de qué se tratan, ni cuál es el verdadero significado.  Su contenido no es importante, lo que  importa es la festividad de esos días navideños.

 

Para muchos la navidad es para pasarla con la familia alrededor de la mesa con los pequeños a la espera de la llegada del Niño Jesús, esto es una tradición que se practica en casi todo el mundo.

 

Para otros las navidades son días de compras, el consumismo desbordado, como si fuera compulsivo.  Y para otros son los días más esperados del año.  No importa quedar endeudado, lo importantes es que lo pasó estupendamente bien.

 


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Unos ni se acuerdan del 24 o el 25 de diciembre, se paran temblorosos y van a las neveras a beber agua y a ver si queda algo de comer en las neveras o cocinas peladas, otros, tienen vivitos los signos y síntomas desagradables  que produce la ingesta exagerada del  al alcohol y le echan la culpa a la comida de la noche anterior.  A otros los embarga un malestar generalizado: dolores de cabeza y latidos exagerados del corazón, ellos creen tener la virosis, otros, presentan una alta sensibilidad a la luz y a los sonidos fuertes: agudos dolores en las sienes les obligan a beber grandes cantidades de agua con mucho hielo, ellos se dan ánimo y hacen el juramento de no beber más.  En otros casos, las personas no pueden recordarse de nada o casi nada: ansiedad y depresión y la ira va en aumento cuando se acuerdan entre sus lagunas mentales que bailó sobre una mesa sin camisa y perdió uno de sus zapatos nuevos.  Hay otros borrachos que creen que se la comieron: ojos rojos y vidriosos, un tufo insoportable e incoherencia total, son fáciles de reconocer, son los más pendejos.

 

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Hay borrachos y borrachas enamorados, toda la noche buscan con quien empatarse, recordando siempre tiempos mejores; en momentos se vuelven agresivos, pueden llegar a golpear a quien no le caigan bien. Bueno amigos, lo importante es pasarla bien, creo que lo mejor es en la compañía de la familia, disfrutar de una buena cena y poder catar un buen licor, tomarlo, degustarlo, saborearlo como tiene que ser y nunca dejarse vencer y no poder distinguir donde te encuentras, ahí es cuando tienes que decir: porque los dioses del mundo permitieron que nos ahoguemos en las penas y con las penas de la caña y luego que te digan: no eres más que un borrachón.

 

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