Un Día Como Hoy

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Un 17 de enero de 1942 nace en LouisVille Kentucky, Cassius Marcellus Clay, nacido en una época en donde estaba en plena efervescencia la discriminación racial en los Estados Unidos.

El país se encontraba en una gran tensión, en muchos estados de Norteamérica, ser una persona de color era objeto de una cruel y despiadada discriminación, sobre todo si en ella participaba la secta fanática llamada Ku Kux Klan.  Clay venía de una familia de clase media pero no dejaba de ser blanco de las injusticias cometidas.


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Desde su participación en las olimpiadas en Roma la fama de Clay fue subiendo y al enfrentarse a Sony Liston y arrebatarle la corona y al darle la revancha volverle a ganar hizo que brotaran las pasiones de la gente.  Muchos lo querían, muchos lo odiaban.  Para muchos Clay era un joven provocador y arrogante, para otros había surgido un nuevo fenómeno del boxeo, algo especial, que combinaba la técnica del box con un juego de piernas y una velocidad, nunca vista en el peso pesado.

 

Años después Alí fue despojado del título por oponerse a ir a combatir a la guerra de Vietnam, perdiendo con ella su título y su licencia para pelear.  Fue llevado a la cárcel y ahí perdería sus mejores años como deportistas, pero las convicciones de sus ideales, su valentía y el coraje que tuvo para enfrentarse a unas leyes realmente injustas.  Eso provocó con el tiempo que millones de personas lo empezaran a querer, a admirar.  Ricos, pobres, periodistas, deportistas, políticos, curas, blancos, negros y amarillos, todos lo querían y admiraban, por su forma de ser se había convertido en un fenómeno de masas.


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Al recuperar su licencia comenzaría de nuevo su deslumbrante carrera en el boxeo, convirtiéndose en el mayor y más taquillero en la historia del deporte, ahora era Mohamed Alí.  Se había convertido en guía espiritual musulmán.

 

Dentro del ring, vuela como una mariposa, pica como una abeja, un desconcertante juego de pies y rápidos movimientos de piernas, retrocediendo y golpeando a la vez, 1,2,3 jab, jab, jab; pegando y no dejándose pegar, me ves y ahora no me ves y ahora en el clinch una rima con estética de poesía que decía a su contrincante y otra vez el desconcertante juego de pies y el 1,2,3 y el inclemente jab otra vez, Alí el más grande, el campeón del pueblo.


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Una vez George Foreman dijo: “llamarlo un gran boxeador es una gran injusticia, él era más grande que el boxeo, más grande que las estrellas del cine, él era realmente especial, era Mohamed Alí, el poeta, que se hizo escuchar a golpes” y en otra ocasión el periodista deportiva Peter Raimond dijo: “la enfermedad nunca le quitó la lucidez, pero lo dejó en un estado contemplativo, una reconciliación con el silencio y en su quietud se ha convertido en el Dios que siempre quiso ser”.

 

El 3 de junio del año 2016,   Alí fallece y su gran legado para toda la humanidad es luchar siempre por las convicciones e ideales con valentía y firmeza.  Alí siempre repitió: “odié cada minuto de entrenamiento, pero no paraba en repetirme, sufre ahora y vive el resto de tu vida como un campeón”.

 

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