El Peregrinaje Cotidiano

En cualquier ciudad o pueblo en Venezuela, generalmente transcurre igual día tras día.

Un espectáculo cotidiano. Todo sumido en la confusión, días tras días se ve el peregrinaje de gente haciendo largas colas en algún abasto o en un puesto de bachaquero, para ver que se puede comprar con el poco efectivo que pueden conseguir en los bancos. En algunos puestos de ventas tienen puntos, pero los precios son todavía más elevados y en algunos te hacen una recarga.

Colas para todo, y lo difícil que se hace conseguir productos de primera necesidad, es el trajín del venezolano día tras día, los siete días de la semana, todo se repite. Día tras día  crece el desespero, la incertidumbre, aferrados a un sueño y sobretodo a la espera de un golpe de suerte de encontrar lo que buscamos y poder comprarlo.

Seis días a la semana millones de hombres y mujeres van a su trabajo para regresar tarde a sus hogares, malos servicios en los transportes. Cientos de personas haciendo las largas colas en las paradas pasando horas esperando la llegada del transporte.

En Caracas las estaciones del Metro colapsadas, se han convertido en un infierno para la gente que lo utiliza. Son miles que viajan con este servicio, que hace 30 años fue de primera, gente cansada de tanto trabajar para llegar a casa con un pan, algún huevo, o un pedazo de queso, para el sustento diario familiar. Todas las mañanas se repite la misma escena, la gente con renovada fe y con nueva ilusión hacen la misma peregrinación día tras día. ¿En que se ha convertido el país?, ¿Qué nos paso?, parecemos pájaros que se alimentan de lo que encuentran, es una involución o es una metamorfosis, un cambio brutal.

¿Qué somos ahora?.

La pobreza es nuestro patrimonio y cuesta mucho ser pobre, algunos dirán que son pobres los que se sienten pobres y eso es injusto, porque cuando en un país como el nuestro ocurre esta desgracia y algunos bien comidos hacen proclamas de un bienestar. ¿Pero para quién? para algunos que se han aprovechado de esta espantosa situación para enriquecerse y hacer negocios a despensa de un pueblo noble que aun no ha perdido la ilusión. Todo depende de una verdadera transformación. Lo más importante que tenemos es el del recurso humano, de nada nos sirve las riquezas del subsuelo si no contamos con los hombres capaces de desarrollarlas y no depender de hombres baldíos.

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