La Vejez y Los Recuerdos

Hay en mí una bestia que está asustada.

La bestia que hay en mí se siente aturdida, llegan a mi vagos recuerdos blancos y verdes. Recuerdos de otros días de otras épocas, recuerdos placenteros, me sentía vivo, mi cuerpo retaba a los desafíos de una forma tajante. Ahora soy un viejo y dentro de mi palpita algún ideal escondido, un vicio, un cigarrillo apacigua el hambre. Me trae recuerdos de otros momentos, otra época. Veo el lúgubre ocaso acercarse. Cuando pienso en mi joven y fuerte nunca en esa época hubiera pensado como iba a terminar.

Dicen que la vejez nos hace volver a la infancia, creo que es verdad. Uno va perdiendo reflejos, el caminar se torna lento y constantemente te invaden muchos recuerdos, algunos buenos, otros no tanto.

Veo el jardín, veo las flores, veo los pequeños insectos que buscan afanosamente un camino, un sendero. Sigo mirando conmovido como los insectos van de un lado a otro en busca de su destino cual no se.

Dicen que los ancianos son tercos y quieren imponer sus caprichos, creo que es así, pero uno de los mayores males de ponerse viejo, es que uno va perdiendo la confianza en sí mismo, creo que cuando uno es joven, uno está en la búsqueda del poder, del arca perdida; la vida poco a poco te va dando sorpresas, te va marcando, después al llegar a viejo se da cuenta uno que la vida es tan corta que al ser viejo empiezan a terminar todas nuestras esperanzas. Dicen que para no perderla hay que hacer algo interesante y tener constante perspectiva, cualquier fin.

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