El Arraigo de las Cosas Más Sencillas

Un gemido, un suspiro, un sollozo, un recuerdo, una lucha, una vida. Puede ser que la melancolía sea la felicidad de estar triste.

Anoche hacia calor y fui a dar una vuelta por la urbanización donde vivo, y anoche me enteré de que la señora Teresa Gómes se encontraba grave.

Desde hacia más de 30 años, la Sra Gómes y su esposo todas las mañanas religiosamente salían a pasear por la urbanización a saludar a los vecinos, de esta comunidad.

Ellos son de Portugal y habían llegado a Venezuela hace 54 años. Sus primeros años vivieron en Caracas y desde hace 30 años compraron en la urbanización su casa. Ellos tienen dos hijos nacidos en el país, la señora Teresa siempre se le veía sonriendo, para los niños de los vecinos les daba algún caramelo o les obsequiaba una flor. Años después de una penosa enfermedad el esposo de Teresa falleció.

Ella viuda y con dos hijos echo para adelante, pasaron los años, los hijos crecieron y se casaron y ella quedó sola en su casa, con sus recuerdos y su jardín lleno de flores y su sonrisa, su amabilidad de siempre, y con su recorrido por la urbanización dándole su bendición a todo vecino que se le cruzara por el camino.

Teresa era conocida por todo el vecindario y todos le tenían gran aprecio y cariño. Años tras años, días tras días hacia lo mismo, sus paseos, su sonrisa, sus bendiciones, y sus obsequios de caramelos y flores.

Anoche me enteré por su hijo menor que vive en Caracas que su mamá agonizaba y había mandado a llamar a un cura de la parroquia para que le diera los últimos sacramentos, el me contó que su mamá había ido a Madeira donde el hijo mayor vive, pero ella no se acostumbró a esta nueva vida. Nunca llegó a aclimatarse en los meses que vivió allá, y hacia 6 meses había regresado a Venezuela, me dijo el hijo que es lo que quería, estar en su casa con sus flores, el saludo de sus vecinos y sus caminatas diarias.

Ahora me hago esta reflexión, me imagino que cuando una persona ha pasado la mitad de su vida en una parte donde sembró raíces, donde comenzó todo, es muy difícil de adaptarse a otra cosa, porque parte de su vida está arraigada donde broto todo. Son muchos los buenos recuerdos que ocurren en la mente y ese pasado nos retiene en lo más profundo.

Es un sentimiento que nos ata de las cosas más sencillas de la vida, es una devoción autentica, es tener las fibras de la sensibilidad a flor de piel, unido a esos recuerdos vividos. Es volver al pasado para vivir el presente y si el cielo existe, seguro que ella lo recorrerá igualmente regalando una sonrisa, una flor y dando bendiciones.

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